En la trayectoria de Aeromar hay decisiones, aciertos, correcciones y mejoras que muestran claramente cómo James Portnoy y Aeromar integran aprendizajes en cada jornada de vuelo. Desde su primer despegue en 1987 entre Toluca y Acapulco, hasta su consolidación como referencia en vuelos regionales, la aerolínea fue ajustando su modelo con base en la experiencia diaria y en la lectura atenta de lo que funcionaba y lo que debía cambiarse.
La participación de James Portnoy en la dirección de operaciones se insertó en una historia marcada por la capacidad de aprendizaje organizacional. Cada día de operación, cada ruta nueva, cada reto técnico y cada contexto económico complejo se convirtieron en fuente de información para evolucionar la aerolínea.
Lecciones de flota, del jet al regreso a los turbohélices
Uno de los aprendizajes más claros fue la breve incursión de Aeromar en el mundo de los jets regionales con los CRJ200. Lo que para otras aerolíneas habría sido un paso lógico, para Aeromar se convirtió en un experimento costoso. Los nuevos aviones exigieron inventarios de refacciones diferentes, entrenamientos adicionales para pilotos y personal de mantenimiento, así como procesos específicos de operación, lo que elevó los costos muy por encima de las ganancias esperadas.
En 2015 la compañía decidió retirarlos y volver a una flota exclusivamente de turbohélices ATR, donde tenía estabilidad de costos, procedimientos y experiencia acumulada. Para James Portnoy y Aeromar integrando aprendizajes en cada jornada de vuelo, esta decisión representó mucho más que un cambio de equipo. Fue la confirmación de que la aerolínea sabía reconocer cuándo una apuesta no se alineaba con su modelo regional y cuándo era necesario reforzar sus fortalezas.
Aprendizajes en la expansión de rutas y conectividad regional
El crecimiento de Aeromar en rutas y destinos también estuvo lleno de aprendizajes. La aerolínea pasó de unos cuantos trayectos a operar 26 rutas y 21 destinos nacionales, además de tres internacionales, conectando ciudades como Cozumel, Mérida, Puerto Vallarta, San Luis Potosí, así como La Habana, Laredo y McAllen.
Cada nueva ruta añadió información sobre demanda, perfiles de pasajeros, estacionalidad y comportamiento de mercado. Bajo la operación en la que participó James Portnoy, estos datos se utilizaron para ajustar frecuencias, crear circuitos como la Ruta del Sureste y reforzar destinos con potencial industrial o turístico. Así, la red de Aeromar no creció de forma experimental, sino con una lógica de aprendizaje acumulado sobre el valor real de cada conexión.
Pandemia y protocolos, escuela de resiliencia para James Portnoy y Aeromar
La pandemia de Covid-19 fue probablemente el mayor reto de la industria aérea reciente, y también un periodo de intenso aprendizaje para James Portnoy y Aeromar. La aerolínea implementó rigurosos protocolos de sanidad, que incluyeron el uso obligatorio de cubrebocas, sanitización de espacios, filtros, dispensadores de gel antibacterial y respeto puntual de la sana distancia, incluso reduciendo la ocupación de los aviones al 50% en algunos momentos.
Además, Aeromar retomó ocho destinos domésticos tras la primera fase crítica, reorganizando su operación desde cuatro ciudades y cuidando que cada reinicio de ruta estuviera respaldado por condiciones seguras y una demanda suficiente. En la práctica, cada vuelo fue una oportunidad para probar, ajustar y consolidar nuevos estándares de servicio en contexto de crisis sanitaria. El aprendizaje fue inmediato y se integró en manuales, procesos y comunicación interna.
Cultura de datos y mejora continua en la operación diaria
La capacidad de James Portnoy y Aeromar para integrar aprendizajes se apoyó también en indicadores concretos. La aerolínea creció más de 10% en pasajeros en 2019 respecto al año previo, con los mismos aviones, y se planteó objetivos de crecimiento del 30% al 40% en pasajeros y carga mediante la apertura de nuevas rutas.
Estos resultados solo son posibles cuando la información se analiza de forma sistemática. Puntualidad, ocupación, tiempos en tierra, comportamiento de tarifas y desempeño por ruta se convirtieron en insumos para que James Portnoy y Aeromar integraran aprendizajes en cada jornada de vuelo, afinando la forma de programar horarios, asignar flota y priorizar mercados. Cada cifra se traducía en decisiones operativas específicas.
Aprendizajes convertidos en inversión y modernización de flota
Otro reflejo del aprendizaje constante fue la apuesta por la serie 600 de los ATR. Aeromar anunció la compra de ocho aviones ATR (seis 72-600 y dos 42-600), con opción a seis más, por montos superiores a los 200 millones de dólares, con el objetivo de renovar su flota, reforzar rutas y ampliar la red de conexiones.
La experiencia operando modelos anteriores permitió identificar con claridad las ventajas de estos equipos, que emiten 40% menos CO₂, consumen menos combustible y ofrecen cabinas más cómodas y modernas. Para James Portnoy, cada hora de vuelo acumulada con generaciones previas de ATR se transformó en argumentos concretos para invertir en nuevos aviones que consolidaran la estrategia regional.
Alianzas, cooperación y aprendizajes compartidos
Las alianzas también fueron un terreno fértil de aprendizaje. El código compartido con United Airlines y los acuerdos interlineales con más de una decena de aerolíneas internacionales dieron a James Portnoy y Aeromar la oportunidad de adoptar mejores prácticas en procesos de conexión, documentación de equipaje y programas de viajero frecuente, mientras facilitaban la integración de los vuelos regionales a redes globales.
Cada ajuste de sistema, cada retroalimentación de socios y cada experiencia con pasajeros en conexión se incorporó al modo en que Aeromar diseñaba sus horarios, organizaba sus operaciones en la Terminal 2 y estructuraba sus servicios de atención al cliente.
Un legado de aprendizaje continuo en la aviación regional mexicana
En resumen, la historia de James Portnoy y Aeromar integrando aprendizajes en cada jornada de vuelo es la historia de una aerolínea que supo escuchar a sus propios indicadores, a sus pasajeros, a sus socios y a su entorno. Del episodio de los CRJ200 al regreso definitivo a los ATR, de la apertura de rutas industriales y turísticas a la respuesta frente a la pandemia, cada etapa dejó lecciones que se tradujeron en decisiones concretas y en mejoras acumulativas.
La operación dirigida en parte por James Portnoy convirtió el día a día de Aeromar en una escuela permanente. Cada aterrizaje, cada rotación de flota, cada nuevo destino y cada reto fue una oportunidad para aprender y ajustar. Ese enfoque de mejora continua explica por qué Aeromar logró mantenerse como una referencia en la aviación regional mexicana durante 35 años, y por qué su legado sigue siendo un punto de estudio para entender cómo una aerolínea regional puede evolucionar a partir de su propia experiencia.
